El yoga y el miedo


En yoga se dice que cuando una asana te da miedo o te disgusta especialmente, te está diciendo algo de ti sobre lo que debes reflexionar. Un bloqueo que debes intentar liberar. 

Yo tengo mucho miedo de las posturas invertidas. Son las posturas a las que casi todo el mundo teme más. El hecho de ponerte del revés hace que no sepas donde se encuentra el resto de tu cuerpo y cuesta controlar una caída. Para mí va un poco más allá del miedo. De hecho tengo una espina clavada con ello. Representa mi lucha constante contra el miedo.

De pequeña era una niña excesivamente miedosa. Mientras los demás niños de mi edad escalaban, hacían el pino-puente rodando calle abajo y calle arriba, hacían la rueda perfecta o caminaban con sus manos, yo me limitaba a mirar con envidia sin apenas intentar explorar mis capacidades físicas y sin ningún afán de aventura. Tenía metido en la cabeza que yo no podía, que era débil y que me haría daño.  De este modo no disfrutaba de mi cuerpo ni de mi energía, porque no confiaba en que yo tuviera capacidad, ni que mi cuerpo resistiera. En clase de baile las niñas realizaban piruetas, grandes saltos con las piernas en split… yo hacía los bailes fáciles 😕. 

A medida que me fui tomando más en serio la práctica de yoga, me fui encontrando más fuerte.  Iba avanzando y me atrevía cada vez con posturas más desafiantes. Cuando conseguía realizar, aunque fuera por un par de segundos, alguno de los balances que requerían fuerza y equilibrio, me sentía capaz de todo. Una sensación de poder interior mágico. Comencé a entender porque los deportistas siempre quieren batir sus marcas y superarse. La sensación es adictiva. 

Pero el yoga siempre te acaba dando una cucharada de humildad, para que no se te vaya el ego por las nubes. Y es que siempre hay días mejores y peores, y cuando piensas que estás avanzando, te encuentras de nuevo en la línea de salida.

El mayor desafío fue enfrentarme a las invertidas. Empecé por el pino de cabeza o parada de cabeza, como lo quieran llamar. Aún teniendo la pared cerquita de mi, el miedo me paralizaba. En cuanto comenzaba a sentir las piernas arriba, me entraba un vértigo bestial y las bajaba enseguida. Cuando ya más o menos vi que tenía sirsasana (o parada de cabeza) medio controlada (aún no me atrevo sin la pared cerca de mí, aunque ya no la toco 😏), comencé con la más aterrorizante de las posturas para mí… el pino de manos (handstand). Esta si que jamás pensé ni que llegaría tan siquiera a intentarla (nunca supe hacerlo ni apoyándome en la pared) … y aquí estoy yo, con 40 años e intentando lograr cosas que no osaba ni intentar con 20. 

Ahora estoy en el proceso de encontrar la técnica para el equilibrio y la posición de la espalda y la cadera. También estoy practicando con el pincha mayurasana o pino con los antebrazos. Me da un miedo atroz caerme y romperme la crisma.


La mayoría de nuestros miedos son inconscientes, no sabemos de dónde vienen. Dentro de ese vasto 95% que supone nuestro subconsciente, es difícil hallar el origen. Aunque todos los miedos se concentran en el miedo primario a morir. Debemos enfrentar al miedo porque sino éste te somete, impidiendo que explores la infinidad de posibilidades que te esperan ahí fuera. De todos modos, la seguridad es una ilusión. El control no existe. Si nos sometemos a nuestros miedos, reafirmamos nuestras experiencias de incapacidad y fracaso que nos vienen limitando desde el pasado.

No dejo que mi mente me aleje del objetivo con excusas como la edad. También tengo que aguantar algún que otro comentario del tipo “ten cuidado que a tu edad los huesos ya no son lo que fueron…” -pues por eso practico yoga, para que mis huesos estén fuertes 💪🏻-. “Es que ya no tienes edad para ir haciendo peripecias…” – a lo mejor es que tú no te atreves a hacerlas…- pienso yo. 

Bueno… en fin. Con práctica, paciencia y cuidado todo se puede lograr. Todo depende de tu estado físico y mental. Sobre todo mental. Hay que recordar que el cuerpo sigue a la mente.

La cuestión es, que cuanto más me adentro en la práctica de las posturas que me dan miedo, más capaz de todo me siento. No hay que dejar que el miedo venza. Es inevitable tenerlo pero debemos aprender a llevarnos bien con él. ¿Cómo? Familiarizándonos con él y con las sensaciones que nos produce sin huir de ello, confiando en nosotros mismos y arriesgando un poco (aunque sea poco). El simple hecho de vivir ya es riesgo. No podemos encerrarnos en una burbuja y perdérnoslo todo, ¿verdad?

Como dijo Will Smith en un vídeo que se hizo viral: “las mejores cosas están al otro lado de nuestros miedos”. 😉

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