¿Es tan idílico como parece practicar yoga en la playa?

Los aviones pasaban cada 5 minutos por la proximidad con el aeropuerto, y Ibiza en temporada alta ya se sabe… pero me gusta el sonido de los aviones. Me dan ganas de escapar. Suenan a vacaciones y a aventura.

Bueno, conseguí quitarme la espinita de hacer yoga en la tarima de la playa. Estuvo genial poder practicar con el mar en frente, aunque hubo un par de factores que enturbiaron un pelín la experiencia. 


A veces las cosas no resultan tan idílicas como parecen. Al empezar la clase me sentía conectada y centrada en el presente. Procuraba no perderme nada de lo que me envolvía: el aire, el mar, la respiración, el movimiento fluido… pero llegaron unos guiris, obviamente de rollo post party, con sus litronas de cerveza y se pusieron justo detrás de nosotros. Hablando y riendo sin miramientos. Mira que había sitio en la playa, que, además de estar medio vacía aún, es una de las playas más largas de la isla. Me pareció muy irrespetuoso e innegablemente no permitía la concentración plena en la práctica. A mitad de clase, llega otro individuo y se pone a dormir en la tarima justo al lado de Carlos, quien se encontraba en un extremo. Cada vez entiendo menos a la gente… Se está realizando una actividad en ese espacio y podrían tener la decencia de que si no están participando de ello se mantengan a una distancia que no provoque interferencias. Carlos se movía incómodo por no molestar al durmiente. Luego se acercan una pandilla de mujeres de mediana o tercera edad y se ponen a hablar a plena voz a los pies de la tarima, imposible no enterarse de tooooda su conversación… vaya, que entre unos y otros era difícil oír las instrucciones de la profe. Intentaba ignorar todo lo que me descentraba y concentrarme en lo mío, al fin y al cabo estábamos al aire libre y en lugar público, pero era un trabajo extra con el que no contaba. Como yo soy tan cuidadosa de no molestar a otros, y menos cuando están realizando alguna actividad, no acabo de entender la despreocupación y el atrevimiento de otros. 

Respecto a la clase me gustó mucho. La profe era dulce y cercana, y la hora se hizo amena. Repetiría sin duda a pesar de esas pequeñas distracciones pues el yoga al aire libre es otra historia y se vive la práctica de otra manera. Es un plus. Si se da la ocasión de practicar yoga al aire libre, se tiene que aprovechar. 🙏🏼😊.

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